Instrucciones para chapuzar una ola

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El texto a continuación fue escrito en el marco del taller “Pinta tu Aldea“, dictado por Bibiana Ricciardi a fines del 2018. ¡Y hasta aparece en el libro digital que hicieron con todo el material!

Pero como es una típica postal marplatense, no quería dejar de compartirlo. ¡Que lo disfruten!

Instrucciones para chapuzar una ola

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Por línea general chapuzar una ola requiere entrar en el mar al menos a la altura de los muslos. De otro modo, se corre el riesgo de darse de bruces contra la arena del fondo y rasparse las partes.

Esto, que puede parecer la cuestión más sencilla del asunto, es en cambio una de las más complicadas; especialmente si hablamos de la costa marplatense, pues bien conocida es por las bajas temperaturas de sus aguas. Dado este obstáculo, hay dos formas de proceder.

La primera es la que eligen los menos arriesgados, los conservadores y, prácticamente, todos los cobardes: entrando poco a poco. Esta técnica consiste en comenzar poniendo un pie en el agua, en inmediatamente después el siguiente. Solo cuando estos se han acostumbrado al frío, seguir adelante, dos o tres pasos. Después de que las olas espumosas besan las rodillas varias veces, volver a avanzar algunos pasos. Finalmente, cuando se alcanza la profundidad esperada y la fuerza de las olas comienza a regar las zonas más sensibles del cuerpo, dar el paso final: hundir todo el cuerpo.

Los niños, los aventureros, los ansiosos y, en general, todas las personas de sangre caliente eligen la segunda opción.

En primer lugar, es necesario observar el mar. Es un buen momento para reflexionar sobre la brevedad de la vida y la necesidad de actuar antes de que sea demasiado tarde.

Luego, es importante inhalar profundamente, tal como puede hacerlo un profesor de yoga (incluso aunque nunca se haya practicado tan noble disciplina).

Finalmente: correr. Correr con la fuerza de quien escapa de la muerte, o de una suegra enojada. Correr y saltar las olas pequeñas, saltarlas como cuando en el recreo se jugaba al gato y al ratón sobre la cuerda. Correr y gritar, si es necesario. Gritarle al miedo que lo hemos vencido.

Y cuando se aflojan las fuerzas, y se ve venir una ola grande, gigante, como un abrazo ineludible, cerrar los ojos y meter primero la cabeza y luego todo el cuerpo. Entregarse. Entregarse a la ola mientras se escucha el rugido ensordecedor de la rompiente atravesándonos como un terremoto.

 

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