Feminista orgullosa

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Amo a los hombres (especialmente al que tengo al lado todos los días).
Aunque amo estar zaparrastrosa, también me encanta arreglarme y verme linda. Quizá por eso amo los casamientos (porque es único día que uso tacos y porque creo que en amor “a la vieja usanza”)
No muestro las tetas ni en el vestuario de mujeres, porque no me gusta (y me pregunto si no habrá hombres que odian andar mostrando el pito en cada baño público pero lo tienen que hacer igual).
La cuestión del aborto me genera conflictos internos que todavía estoy analizando.
No tengo hermanos varones, así que no viví la desigualdad desde chica.
De grande, una sola vez me tocó vivir una situación de acoso laboral, y, aunque muy breve y esporádica, me sentí espantosamente vulnerable.
“Piropos” recibí muchos, y algunos hasta me han hecho reir.
Pero una vez a la madrugada el tono de los piropos empezó a subir en una calle desolada y nunca en mi vida tuve tanto miedo.
Conozco chicas que fueron abusadas, hasta por miembros de su familia, y cada vez que lo pienso se me retuerce el estómago y se me estruja el corazón.
También conozco chicas a las que el novio las maltrató, física o psicológicamente. Cuando pienso en ellos, la verdad que sí: odio al macho.
Vengo de una familia católica, y me molestan las agresiones permanentes a la Iglesia (especialmente cuando se dice que “todos los curas son pedófilos”, porque conozco tantos curas increíbles!).

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¿Y qué quiero decir con todo esto? Que soy profundamente feminista. Que no me cabe la “grieta” en este tema. No me importa si te creés feminista copada o querés mostrar las tetas delante de la Catedral. Yo no pertenezco a ninguno de los dos bandos, pero cualquiera de las dos me viene bien si se trata de luchar por nuestros derechos.

A mí, la siempre tibia, me daba vergüenza decirme feminista porque creía que no estaba a la altura. Porque creía que si no era tan combativa como otras, no podía ser feminista. Pero hoy me doy cuenta que no es así.

Por la bronca que me dan los micromachismos. Por el dolor que siento cada vez que, a pesar de las consignas, somos una menos. Por la emoción que siento cuando veo mujeres increíbles haciendo cosas increíbles para que todas las otras mujeres podamos hacerlas también. Por la pena que siento al recordar que a mi abuela no la dejaron estudiar por ser mujer. Por el dolor que siento cuando pienso en la cantidad de vidas arruinadas por el machismo.

Por todo eso y tanto más, hoy digo que soy feminista con orgullo. Y si a la “feminista alterada” le parece poco, y si a la “feminista copada” le parece mucho, lo siento, esta soy yo. Voy a inventar mi propio término: feminista orgullosa. Feminista orgullosa de haberse aceptado tal como es, y de haber entendido que feminismo es mucho más que algunas consignas. Feminista orgullosa de que haya minas ahí afuera cambiando el mundo, y que desde su lugar hace lo que puede.

Ojalá seamos cada vez más feministas de todo los tipos y colores, pero siempre luchando por eliminar al patriarcado. Porque para mí, en este tema, la “grieta” nos mata: literalmente, nos mata una vez cada 36 hs.

 

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Esta nota surgió como respuesta a la nota publicada por Clarín: Feminista alterada no es copada; y también un poco a todas las reacciones que generó.

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