Carpe Diem

Carpe diem

Ayer vi por segunda vez, después de más de 10 años, la película El Club de los Poetas Muertos. Además de llorar, tener una regresión a mi adolescencia y llorar un poquito más, me sirvió como inspiración para el segundo día de desafío.

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Carpe Diem. Porque somos alimentos para gusanos, señores. Porque aunque no lo crean, un día todos los que estamos en esta sala dejaremos de respirar. Nos pondremos fríos y moriremos. Aprovechen el día, muchachos. Hagan que sus vidas sean extraordinarias. – John Keating

Carpe Diem

Una sola certeza, en un mundo tan cambiante. En un mundo acelerado, lleno de información.

Una sola certeza: para nosotros, en algún momento, todo se acaba. La muerte nos llegará indefectiblemente.

Leo filosofía, y surge una gran pregunta. Ante la certeza de la muerte, ¿Sólo queda el pesimismo?

Carpe Diem. No, el pesimismo no es una opción. Porque, después de todo, nadie aprovecharía la vida si se supiera inmortal. No me levantaría de la cama en invierno, sabiendo que tengo infinitas primaveras por delante.

Pero, aunque las primaveras que me quedan por vivir se pueden contar… ¡Cuántas veces he vivido como si fuera a ser eterna!

Aprovecha el día. Me recuerda que cada día es un regalo. ¿De Dios? ¿Del Destino? ¿Del Universo?

¡Qué importa! ¡Estoy viva!

Y quiero una vida extraordinaria. Aunque no sepa qué es eso.

Sólo sé que con dinero o sin él, los gusanos me esperan. Hermosa o desaliñada, los gusanos no discriminan.

Pero hay algo que ningún gusano se podrá comer: mis palabras.

Si estoy viva, es para contarlo. Digo más, si estoy viva, es para escribirlo. Bien o mal, lindo o feo. Lo único extraordinario para mí, en este mundo, son las palabras. Si las palabras y las poesías pueden cambiar el mundo, no lo sé. Diría que sí, pero no tengo certezas.

Excepto una: las palabras y las poesías pueden cambiarme a mí.

Carpe diem. Escribe el día.

 

 

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