Día de sincronicidades

sincronicidad

Hoy pasaron muchas cosa lindas. Empecé el día escribiendo sobre mindfulness, algo que quiero incorporar a mi vida hace mucho pero nunca hasta hoy investigué demasiado. Después corté para ir a nadar y puse algunos conceptos en práctica. Concluí que, cuando prestás atención, descubrís cosa asombrosas.

Cuando volví a casa, tenía un mensaje conmovedor de mi mamá. Le respondí 5 minutos antes de conectarme a mi reunión virtual más esperada todas las semanas: el taller mujeres crónicas. Somos un grupo de chicas que nos juntamos a hablar sobre escritoras de la historia, a pensarlas y a pensarnos como mujeres creativas. Hoy, sin querer queriendo, casi todo el encuentro giró en torno a eso. A los miedos que tenemos a la hora de escribir o ser creativas, a esa necesidad de hacerlo todo, hacerlo solas y hacerlo bien.

Sin que yo lo mencionara primero, salió el tema del mindfulness y de la necesidad de prestar atención. ¿Casualidad? No lo creo. Como tampoco creo que sea casualidad haber mencionado que tuve que ir a terapia cuando estaba terminando la tesis porque estaba bloqueada y que una compañera dijera que le pasó exactamente lo mismo.

El aquelarre reunido estaba lanzando magias minuto a minuto.

intuicion (3)

Esa compañera mencionó la charla de Netflix de Brene Brown y, un rato después de terminar el encuentro, sentí la necesidad de verla. Lloré la hora y cuarto que dura, casi de principio a fin. La charla es hermosa, y habla de todo eso. De los miedos e inseguridades; de la vulnerabilidad y de ser valiente; de las historias que nos contamos. También dice que hay dos tipos de personas: las que entran al campo de batalla a ensuciarse y pelear, aunque no tengan demasiadas chances. Y los que se quedan arriba, en la tarima, criticando. Si no estás de un lado, estás del otro.

Aunque es un dato que parece menor, la charla también y “casualmente” habla sobre nadar, porque Brene es “una persona del agua”. En este día de sincronicidades, escuchar a una mujer que escribe y nada me pareció el broche de oro de lo poético.

Cuando terminé de ver la charla, estaba motivada. Entonces hice lo que cualquiera en mi lugar hubiera hecho: me encerré en la cocina. A las 6 de la tarde, me volqué a la noble tarea de cortar cebolla para almacenar en la heladera y frizer respectivamente. Sí, la cocina es mi lugar de procrastinación por excelencia. Aunque uso tantas técnicas y tan variadas para evadir el profundo deseo de escribir, que podría escirbir un libro, valga la paradoja.

Pero cuando terminé de hacer una muy saludable y poco práctica salsa de arvejas para calmar mi ansiedad, decidí que era hora de dar un paso. Chiquito y torpe, pero de darlo. Entonces, volví a prender la vieja netbook que desempolvé hace dos semanas con la idea de usarla solamente para escribir. Sí, la misma que, en estos 15 días, solo usé una vez: esta es la segunda.

Desempolvé la vieja netbook devenida en máquina de escribir, y decidí contar las cosas lindas que me pasaron hoy y compartirlas con el mundo.

Así que si estás leyuendo esto, es porque lo logré: me animé a saltar al campo de batalla, aunque sea un día, aunque sea un rato. Por hoy, quiero estar del lado de las valientes, y no arriba.

Como premio por haber leído esta pequeña crónica de mi día, te dejo la charla que llevó a Brene Brown a la fama. Si después de verla te dan ganas de más, corré a Netflix a ver la nueva; es un camino de ida.

Pd: esto es lo que decía el audio de mi mamá

Me encantó la nota de hoy. A veces me olvido de decírtelo, pero escribís re bien, deberías escribir un libro. Te amo”.

Deja un comentario